El torrente de dinero que impulsa a #OpenAI no nace de una diversidad de fuentes globales, sino de un núcleo cerrado de gigantes tecnológicos estadounidenses. Microsoft, Nvidia, Oracle y SoftBank canalizan miles de millones en equity e infraestructura para sostener un gasto proyectado de $115 mil millones entre 2025 y 2029, con centros de datos y chips que apuntan a un megaproyecto valuado en medio billón de dólares. Esta concentración revela un patrón de capital reciclado: ganancias corporativas reinvertidas y rondas masivas de venture capital, diseñadas para blindar a EE.UU. en la carrera por el dominio de la inteligencia artificial.

El contraste con el ecosistema cripto es evidente. Mientras OpenAI representa un boom centralizado, dependiente del “dinero fiat infinito” y sujeto a tensiones geopolíticas, #Bitcoin , #Ethereum y #Polkadot simbolizan un contrapeso descentralizado. $BTC mantiene su narrativa de “oro digital” en medio de inyecciones soberanas asiáticas; $ETH sirve como columna vertebral para activos del mundo real tokenizados; y DOT, con su nueva política de supply y modelo de interoperabilidad, ofrece un espacio donde los rendimientos no dependen de custodios centralizados.

Entre sospechas de un “reseteo económico” global, la dicotomía es clara: OpenAI encarna la estrategia estadounidense de concentración y control, mientras las cripto emergen como refugio y resistencia en un tablero donde soberanía, tecnología y capital se entrelazan.
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