El petróleo es uno de los principales termómetros de la economía mundial. Cuando su precio sube con fuerza, suele reflejar presión inflacionaria, tensiones geopolíticas o escasez energética. En estos escenarios, los bancos centrales tienden a endurecer políticas monetarias, lo que reduce la liquidez disponible. Menos liquidez suele traducirse en menor apetito por activos de riesgo, incluyendo Bitcoin y las altcoins.
Por el contrario, cuando el petróleo cae o se estabiliza, el mercado interpreta una descompresión inflacionaria. Esto abre la puerta a políticas monetarias más flexibles, mayor liquidez y, en consecuencia, mejor desempeño de los activos especulativos, donde las criptomonedas suelen beneficiarse.
Bitcoin, aunque se presenta como un activo independiente, reacciona al contexto macroeconómico. No sigue al petróleo tick a tick, pero ambos responden a los mismos catalizadores: inflación, tasas de interés y expectativas económicas. Por eso, movimientos fuertes en el crudo suelen anticipar cambios en el comportamiento del mercado cripto.
