Con el tiempo he aprendido que no todos los proyectos en cripto deben evaluarse por lo rápido que suben o por el ruido que generan en redes. Algunos están pensados para otro ritmo, uno mucho más lento, pero también más sólido. Dusk es uno de esos casos que, en mi opinión, vale la pena observar con paciencia.
Si algo he notado en el ecosistema es que el futuro de blockchain no va a ser completamente anónimo ni completamente público. Va a ser un punto intermedio, donde la privacidad exista, pero también el cumplimiento y la confianza. Ahí es donde proyectos como Dusk empiezan a tener sentido real, sobre todo cuando se habla de finanzas, tokenización y uso institucional.
Mi consejo para quien esté siguiendo este tipo de proyectos es no quedarse solo con lo visible hoy. Muchas de las decisiones importantes en cripto se toman pensando en cómo funcionará el ecosistema dentro de varios años, no en semanas. Dusk no parece construido para el corto plazo, sino para un escenario donde blockchain y regulación conviven.
A veces, seguir un proyecto no significa esperar resultados inmediatos, sino entender qué problema intenta resolver y si ese problema seguirá existiendo en el futuro. Desde esa perspectiva, Dusk es un proyecto que, al menos para mí, merece ser seguido con calma y criterio.
