FOGO y el costo real de ejecutar sin precio claro:
La mayoría de infraestructuras habla de velocidad como si fuera una ventaja aislada. En la práctica, lo que importa no es cuántas transacciones se procesan, sino cuánto cuesta ejecutar cuando el mercado exige precisión.
Cuando la ejecución es impredecible, el capital no desaparece: se encarece. Los operadores amplían márgenes, los protocolos elevan buffers y la liquidez exige primas adicionales para compensar la incertidumbre. Ese costo no siempre se ve en métricas técnicas, pero sí en la eficiencia económica del sistema.
FOGO no compite prometiendo picos de rendimiento. Compite reduciendo la variabilidad económica que aparece cuando la ejecución deja de ser confiable. Al estabilizar el comportamiento bajo carga, la red permite que el capital se asigne con menos fricción y menor costo de oportunidad.
En mercados financieros, la diferencia no la marca quién ejecuta más rápido en condiciones ideales, sino quién mantiene un precio operativo estable cuando todos compiten por el mismo espacio. Ahí es donde la arquitectura deja de ser discurso técnico y se convierte en criterio económico.
Cuando ejecutar tiene un precio claro, el mercado puede decidir. Cuando no, el costo lo paga la liquidez.

