En los últimos años, los stablecoins han asumido gran parte de la utilidad práctica de las criptomonedas. Al ofrecer estabilidad de precios en cadena, permitieron a los usuarios realizar transacciones sin estar constantemente expuestos a la volatilidad. Un dólar digital que se comporta como un dólar resultó ser una de las herramientas más efectivas del ecosistema, desplazando el enfoque de la especulación hacia el liquidación y los pagos.
Sin embargo, a medida que los stablecoins maduraron, surgió una pregunta más compleja: si el efectivo puede existir de forma confiable en cadena, ¿puede hacer lo mismo la propiedad? No solo los saldos, sino también la participación accionaria, las reclamaciones y los derechos tradicionalmente regidos por marcos legales, registros y intermediarios.