a veces en la vida, sin importar cuán duro intentemos, los lugares donde alguna vez perdimos se convierten en cicatrices demasiado profundas para sanar. Di lo mejor de mí —trabajé, me esforcé y mantuve la constancia—, y sin embargo, lo que una vez perdí, nunca pude recuperar plenamente. A partir del punto en que tropecé y fracasé, sin importar cuántas veces regresé con fuerza, no pude reescribir el resultado.
Existe un tipo diferente de dolor al intentarlo de nuevo y aún así no alcanzar el éxito —especialmente cuando cargas el peso de derrotas pasadas. Te humilla. Te enseña que no todo esfuerzo garantiza el éxito, y no toda herida tiene una segunda oportunidad para sanar.
Pero dentro de esta verdad yace una fuerza silenciosa —el coraje de seguir de pie, incluso cuando ganar parece lejano. La vida no siempre devuelve lo que toma, pero la resiliencia se convierte en el premio en sí mismo. No todas las victorias brillan; algunas simplemente respiran en silencio dentro de ti.
😢 😢 😢 😢
Trabajé y lo intenté, pero nunca gané,
Lo que el destino había drenado tan fríamente.
Donde tropecé, perdí la batalla,
Nunca pude recuperar la luz.
Las heridas permanecieron, aunque el tiempo avanzó,
Las batallas perdidas, los sueños todos desaparecidos.
Desde donde caí, ya no volví a levantarme —
Solo ecos quedaron de esperanzas anteriores.
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