El juego de aranceles de Trump acaba de dar un giro salvaje. Días después de presumir que su nueva política estaba 'funcionando muy bien', ha dado un giro de 180 grados — eximiendo a los teléfonos inteligentes, laptops y otros electrónicos de aranceles de hasta el 125%.
¿Por qué? Presión de los gigantes tecnológicos estadounidenses, que advirtieron que aumentar los precios de los dispositivos, en su mayoría fabricados en China, podría paralizar tanto la innovación como el acceso del consumidor.
Pero no te dejes engañar — esto puede ser solo una pausa estratégica. Una oportunidad para que las empresas estadounidenses cambien la fabricación antes de que caiga el próximo martillo arancelario.
Mientras tanto, China no se queda en silencio, instando a EE. UU. a eliminar completamente todos los aranceles.
¿Entonces, cuál es el costo de este ping-pong político?
Incertidumbre. Retraso. Riesgo. Para las empresas tecnológicas que compiten por innovar, cada decisión como esta es un bache en el camino — o peor, una pared de ladrillos.
¿Este vaivén frenarás el futuro de la tecnología estadounidense? ¿O es solo otro movimiento en una partida de ajedrez geopolítica más grande?
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