Tensiones entre EE. UU. y China: Estancamiento Económico y Estratégico

La guerra comercial entre EE. UU. y China se ha intensificado drásticamente en 2025, con EE. UU. imponiendo **aranceles del 145%** sobre la mayoría de las importaciones chinas y China respondiendo con **aranceles del 125%** sobre los productos estadounidenses. Si bien existen exenciones para artículos críticos como semiconductores y productos farmacéuticos, sectores como la energía limpia enfrentan severas interrupciones. China domina las cadenas de suministro globales de paneles solares y baterías, y las industrias estadounidenses—particularmente las baterías de iones de litio y los transformadores—luchan con escasez y aumentos de precios debido a la dependencia de las importaciones chinas.

Las repercusiones económicas se están ampliando. Los consumidores estadounidenses enfrentan aumentos de precios inmediatos en bienes como ropa y electrónica, mientras que los fabricantes lidian con el caos en la cadena de suministro. Los analistas advierten que la reubicación de la producción en EE. UU. sigue siendo costosa e impráctica, a pesar de los aranceles. Mientras tanto, las previsiones de crecimiento del PIB de China están siendo revisadas a la baja, con Goldman Sachs reduciendo su proyección para 2025 a **4.0%**, citando los impactos de la guerra comercial.

Geopolíticamente, la opinión pública estadounidense sobre China sigue siendo negativa, aunque ligeramente suavizada—**77%** de los estadounidenses tiene opiniones desfavorables, por debajo del 81% en 2024. Las divisiones partidarias persisten, con los republicanos más propensos a ver a China como un competidor que como un enemigo.

El estancamiento corre el riesgo de descarrilar los objetivos climáticos globales, ya que las inversiones en energía limpia se estancan en medio del aumento de costos y los controles de exportación de tierras raras. Sin una resolución a corto plazo a la vista, ambas naciones enfrentan un estancamiento económico y estratégico prolongado.

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