En medio de una crisis energética devastadora, las ambiciones de minería de criptomonedas de Pakistán generan preocupación global
El FMI busca claridad sobre la legalidad, asignación de energía y transparencia
Anuncio unilateral complica negociaciones financieras ya delicadas
En un momento en que Pakistán está luchando contra una de sus peores crisis energéticas y navegando por un terreno económico precario, el movimiento repentino del gobierno para asignar 2,000 megavatios de electricidad para la minería de Bitcoin y centros de datos de IA ha encendido alarmas—tanto a nivel nacional como internacional.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), ya en medio de negociaciones críticas con Pakistán sobre un programa de apoyo financiero extendido, supuestamente ha planteado fuertes objeciones al plan, citando preocupaciones sobre la mala asignación de recursos, la falta de claridad legal y las posibles repercusiones financieras.
Según informes de los medios locales, el FMI no fue consultado antes del anuncio del gobierno, un movimiento que, según los informantes, solo ha empeorado las tensiones entre el Fondo y el equipo económico de Pakistán. “Esto ha añadido una capa innecesaria de complejidad a un diálogo ya frágil”, dijo un alto funcionario involucrado en las conversaciones.
¿Una apuesta arriesgada?
La propuesta tiene como objetivo atraer a empresas globales de blockchain, mineros autónomos y empresas de IA a Pakistán—un país que, hasta ahora, ha mantenido una postura legal ambigua sobre las criptomonedas. Si bien la innovación en tecnología digital es esencial, los expertos argumentan que priorizar la minería de criptomonedas intensiva en energía en una nación plagada de cortes de energía crónicos refleja un grave error de juicio sobre las prioridades nacionales.
Los analistas energéticos advierten que desviar un volumen tan masivo de electricidad—equivalente a las necesidades energéticas de una pequeña ciudad—hacia empresas digitales especulativas podría interrumpir la estabilidad de la red, inflar tarifas y profundizar el descontento público.
Además, la falta de transparencia en torno al proceso de toma de decisiones ha levantado cejas. ¿Quién gestionará estas operaciones? ¿Qué salvaguardas regulatorias están en su lugar? ¿Quién se beneficia económicamente? Estas son solo algunas de las preguntas sin respuesta que el FMI y la sociedad civil están planteando ahora.
El panorama más amplio
El equipo económico de Pakistán, ya bajo presión para cumplir con las condiciones del FMI en relación a la disciplina fiscal, reformas de subsidios y generación de ingresos, ahora se encuentra en un difícil acto de equilibrio. El plan de minería de criptomonedas, aunque potencialmente rentable a largo plazo, arriesga socavar la confianza y cooperación que Pakistán busca de sus socios internacionales.
En un país donde las escuelas, hospitales e industrias básicas sufren cortes de energía a diario, asignar recursos escasos a una industria tan volátil y no regulada como la criptomoneda podría resultar ser un error de política de proporciones considerables.
A medida que el gobierno enfrenta un creciente escrutinio, los próximos días probablemente determinarán si este plan se reevalúa o se impulsa a pesar de las preocupaciones globales.