Bajo el régimen del sistema de centralización feudal establecido por Tokugawa Ieyasu, Japón pasó por un período relativamente estable de paz, por lo que florecieron muchas industrias y surgieron oportunidades en todas partes. La producción agrícola se desarrolló cada vez más y, lo que es más importante, el comercio interno tuvo un entorno más relajado y se volvió más desarrollado. Hasta el siglo XVII, Japón ya había formado un sistema de mercado nacional que reemplazó a los pequeños mercados locales que antes estaban aislados entre sí.