#USNationalDebt

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Érase una vez, en una enorme casa llamada Estados Unidos, la familia que vivía allí tenía un hábito salvaje: les encantaba hacer fiestas masivas. Cada fin de semana, invitaban a todo el vecindario, repartían comida elegante, fuegos artificiales y cosas gratis. Todo financiado con una tarjeta de crédito mágica.

Un día, el hijo menor, curioso e inteligente, preguntó:

> “Mamá, ¿cómo podemos permitirnos todo esto?”

Los padres se rieron y dijeron:

> “Oh cariño, no pagamos, solo pedimos prestado. Mira, el Tío China, la Tía Japón y algunos amigos en Europa nos prestan dinero. ¡Nos quieren!”

El niño levantó una ceja.

> “¿Pero no debemos mucho?”

El papá susurró:

> “Sí... como, $34 billones. Pero no te preocupes. Somos los EE. UU. Solo seguimos aumentando nuestro límite de crédito. Se llama el techo de deuda. Lo levantamos como un campeón.”

Entonces, un día, los prestamistas empezaron a ponerse nerviosos.

El Tío China murmuró:

> “Están gastando como marineros borrachos. ¿Quizás deberíamos dejar de prestar?”

La Tía Japón añadió:

> “¡Incluso están imprimiendo su propio dinero para pagarnos! ¿Qué pasará si su dólar se desploma?”

Pero la familia estadounidense siguió de fiesta.

Pronto, su casa se llenó de pagarés, y los pagos de intereses eran tan altos que tuvieron que pedir prestado dinero solo para pagar intereses.

El niño preguntó de nuevo:

> “¿Qué pasa si nadie nos presta más?”

Los padres pausaron. Luego se rieron nerviosamente y dijeron:

> “Bueno... probablemente solo imprimiremos aún más. O tal vez incumplamos. O... aumentaremos los impuestos y culparemos a los vecinos.”

Y así continuó la fiesta.

Hasta que un día... se cortó la luz, los vecinos dejaron de venir, y la familia se dio cuenta:

> “Ups. Quizás esto no era gratis después de todo.”