A veces no es la pérdida lo que duele, sino el silencio después.
Miras la pantalla. Los números se mueven. Tu corazón late rápido.
Te dices a ti mismo que es solo otra entrada. Pero en el fondo, sabes que es desesperación.
No una estrategia.
Has estado persiguiendo algo que no te esperará. Y cuando se desmorona, no hay a quién culpar. Solo una habitación tranquila. Una mano temblorosa. Una pregunta: “¿Por qué hice eso?”
No hablamos lo suficiente sobre este lado del trading. No las victorias. No los gráficos. Pero la deuda emocional.
Si tú también lo sientes, no estás solo.
No cambiemos nuestra paz por una oportunidad de ganancia.
No de nuevo.
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