En un mundo donde una roca pixelada se vende por más que un Lamborghini y los memes de perros mueven los mercados, las criptomonedas son la montaña rusa empapada en neón del caos financiero que nunca vimos venir. Imagínate: una moneda temática de rana lanzada por un tipo en su sótano alcanza una capitalización de mercado de 2.000 millones de dólares en una noche, mientras economistas serios gritan al vacío y adolescentes ganan millones negociando monedas con nombres de golosinas. Las blockchains se enfrentan como gladiadores, los NFTs se acuñan más rápido que los pensamientos, y en alguna parte ahí fuera, un hámster llamado Mr. Goxx una vez superó a los operadores de Wall Street. La lógica ha salido del edificio, la volatilidad es reina y la luna es solo el primer destino: bienvenido al circo de las criptomonedas, donde los payasos llevan Gucci y el futuro es tan impredecible como el próximo tweet de Elon Musk.