DeFi está creciendo. Lo que comenzó como un salvaje oeste de cultivo de rendimiento, pools de liquidez y protocolos experimentales ahora enfrenta una nueva realidad: evaluación, puntuación y responsabilidad.
Con miles de millones bloqueados en contratos inteligentes, las apuestas nunca han sido tan altas. Los inversores ya no solo quieren entusiasmo; quieren métricas, auditorías y pruebas de que su capital está en buenas manos. Ahí es donde entra la calificación de DeFi: un movimiento para evaluar protocolos en función de la seguridad, transparencia, gobernanza y sostenibilidad.
Algunos proyectos dan la bienvenida al foco de atención, ansiosos por mostrar fundamentos sólidos. Otros temen el escrutinio, sabiendo que los APYs inflados y la tokenómica dudosa no sobrevivirán a la prueba.
Pero calificar no se trata de sofocar la innovación; se trata de proteger a la comunidad y establecer un estándar más alto. Cuanto más podamos identificar plataformas DeFi de confianza, más rápido seguirá la adopción generalizada.
A medida que se publiquen los informes de calificaciones, las reputaciones subirán y bajarán. Algunos “proyectos destacados” podrían fracasar. Desconocidos rezagados podrían emerger como contendientes A+.
La pregunta es: cuando DeFi sea calificado, ¿dónde se encontrará tu protocolo favorito?