Esta es una señal poderosa. Él ve la presión inflacionaria de los aranceles como temporal y no como una amenaza importante. Esta perspectiva se considera acomodaticia porque sugiere que no hay una necesidad urgente de medidas agresivas, como aumentar las tasas de interés, para controlar los precios.
Esta perspectiva acomodaticia tiene implicaciones significativas, especialmente para un activo volátil como Bitcoin:
Aumenta el apetito por el riesgo: un banco central que está menos preocupado por la inflación es menos propenso a aumentar las tasas de interés de manera agresiva. Esto hace que inversiones más seguras como los bonos sean menos atractivas, animando a los inversores a buscar mayores rendimientos en activos más arriesgados, incluidas las criptomonedas. Este flujo de capital incrementado puede elevar el precio de Bitcoin.
La narrativa cambia: durante años, un argumento central a favor de Bitcoin fue su uso como cobertura contra la inflación. Un banco central dispuesto a tolerar una inflación más alta podría debilitar esta narrativa. En lugar de ser una "cobertura contra la inflación", el precio de Bitcoin se convierte en algo más estrechamente vinculado al sentimiento de riesgo del mercado en general y a la liquidez total.
La volatilidad del mercado aumenta: una política de la Fed menos rígida introduce incertidumbre. El mercado reaccionará fuertemente a cada pista y cambio sutil en el lenguaje de un banquero central, lo que llevará a fluctuaciones de precios agudas. Esta volatilidad puede hacer que el mercado de criptomonedas sea menos predecible a corto plazo.
Flujos institucionales: una política monetaria más acomodaticia—lo que significa tasas de interés más bajas y un enfoque en el crecimiento económico—puede hacer que las instituciones se sientan más cómodas con Bitcoin. Pueden verlo no solo como un juego especulativo, sino como una parte legítima de un portafolio diversificado en un entorno de bajos rendimientos.
