Criptomonedas: una reflexión sincera sobre el dólar y quién manda en el mundo
El mundo aprendió a aceptar que el dinero de todos debe girar en torno a una única moneda.
El dólar se convirtió en regla. Se convirtió en estándar. Se convirtió en poder.
No fue por casualidad.
Fue por estrategia, influencia política, guerras, acuerdos y dependencia económica.
Cuando una moneda domina el comercio global, quien controla esa moneda controla el ritmo del mundo.
Las criptomonedas nacen como un inconveniente en este juego.
Cuestionan la lógica de que todo debe estar respaldado por el dólar,
necesita pasar por bancos,
necesita del permiso de los gobiernos para existir.
No es que el sistema tradicional “odie” a las criptos.
Teme perder el monopolio del poder financiero.
El miedo no es a la tecnología.
Es a la autonomía.
Cuando personas comunes pueden guardar valor sin depender de un banco,
transferir dinero sin intermediarios,
participar en una economía global sin pedir permiso al dólar,
el juego cambia.
Por eso se repite el discurso del miedo:
“Cripto es burbuja.”
“Cripto va a acabar.”
“Cripto es cosa de especulador.”
Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad para quien no estudia.
Lo que está en juego no es solo el precio de la moneda.
Es soberanía financiera.
Es la oportunidad de que el mundo no dependa de un único centro de poder monetario.
No se trata de destruir el dólar.
Se trata de no ser rehén de él.
Las criptomonedas no prometen un paraíso.
Ofrecen elección.
Elección de sistema.
Elección de confianza.
Elección de futuro.
Quien defiende ciegamente el sistema actual, a menudo defiende el lugar de donde habla.
Quien cuestiona, normalmente habla desde el lugar de quien siente el peso del control.
No se trata de cuál cripto va a “explotar”.
Se trata de quién va a controlar el dinero del mañana:
un imperio monetario… o una red global de personas?
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