Brasil, mi país, exceptuando que el presidente es un narcotraficante, ladrón y corrupto, donde el centro del robo de recursos públicos se encuentra en Brasília, donde un trabajador gana un salario mínimo de $1.602, que debo, pues de los descuentos tributarios va a 1.490, donde el mínimo de un parlamentario es $20.000, fuera privilegios y otras cositas, donde la salud no sirve, la educación es la mínima de las mínimas, donde el tráfico y las fac toman control; incluso en este lugar pueden nacer talentos.
¡Joyas, solo Brasil!