Muchos artistas utilizan el arte digital como herramienta de impacto social, destinando parte de las ventas a causas ambientales, educativas o humanitarias. Para los inversores, apoyar estos proyectos significa participar en iniciativas que unen retorno financiero e impacto positivo. La alineación con la responsabilidad social amplía la relevancia y, en consecuencia, el valor de mercado de las obras.