Todavía recuerdo claramente—fue en 2022, cuando tuve mi primer contacto con Binance. En ese momento, el mundo de las criptomonedas era para mí como un océano infinito—misterioso, pero brillando con la luz de la esperanza. Con una gran pasión y un poco de valentía, saqué 200 dólares como punto de partida y comencé mi camino en el Web3 que me pertenece.

Los días al principio realmente eran hermosos. Miraba cómo los números en mi cuenta subían de 200 dólares a 500 dólares, en ese momento, sentí que había encontrado una nueva dirección en la vida. Pero el mercado siempre le gusta darte una lección cuando estás en tu mejor momento. El mercado se dio la vuelta, mis ganancias se convirtieron en nada, 500 dólares, a cero.

Durante ese tiempo estaba muy deprimida y pensé en irme por completo. Pero curiosamente, este mundo todavía me atraía. Comencé a participar en algunos proyectos comunitarios, escribiendo artículos, participando en discusiones, ayudando a promover. Aunque no ganaba mucho, aprendí mucho y conocí a muchos amigos afines. Más tarde, un proyecto me envió un airdrop de 200 dólares. No era mucho, pero me conmovió — fue la primera vez que recibí una recompensa por mi esfuerzo. Recuperé la confianza y me dije a mí misma: ese es el significado de la perseverancia.

Sin embargo, el destino nunca sigue el guion. Ese dinero se perdió de nuevo en poco tiempo. A veces fue por impulsividad al comprar, otras veces por exceso de confianza. Incluso comencé a jugar con las monedas Meme, pensando en probar suerte. No esperaba que esta vez realmente mejorara, los activos subieron y alcanzaron un máximo de 400 dólares.

Durante ese tiempo, casi todos los días estaba tan emocionada que no podía dormir. Pero la buena racha no duró mucho, caí en la codicia. Comencé a apalancarme, operando con frecuencia, y al final, perdí todo. De la noche a la mañana, todo volvió a cero. Peor aún, invertí el dinero que me quedaba en lo que se llama 'monedas basura', soñando que se convertiría en 'el próximo milagro'. El resultado, por supuesto, fue — completamente a cero.

En ese momento, me rompí, me sentí perdida, e incluso dudé de mí misma. Pero con el paso del tiempo, aprendí a dejarlo ir. Porque entendí: la volatilidad del mundo cripto no es solo un vaivén de precios, sino también un entrenamiento del carácter. Aprendí a controlar mis emociones, gestionar riesgos, y también a buscar fuerza en el fracaso.

Ahora, en 2025, ya no valoro únicamente las ganancias. Valoro más las experiencias en el camino: esos fracasos, lágrimas, alegrías y crecimiento. Para mí, esto es una práctica del alma, un viaje para encontrarme a mí misma en el mundo digital.

En la ola de Web3, todos somos navegantes. Algunos se hunden en la tormenta, otros renacen en la cresta de la ola. Y yo, sigo en el camino, con esperanza, continuando la navegación. Esto es mi #币安人生 (Binance Life). Pertenece a cada uno de nosotros que aún elige avanzar en medio de la volatilidad.

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