una era lejana, donde nunca se levantaron piedras hacia el cielo y no se alzaron pirámides sobre el Nilo, la humanidad creció de una manera completamente diferente.
La gente nunca supo lo que significaba que un humano dejara atrás algo eterno. No había símbolo de poder o genio — ningún monumento que les recordara que un diseño cuidadoso podría vencer a la muerte y al tiempo.
Egipto era una tierra hermosa como cualquier otra, llena de ríos y cosechas, sin embargo, nadie lo veía como un lugar de misterio o ciencia.
Y porque las pirámides nunca se construyeron, la humanidad nunca concibió esa extraña idea — que un sistema sólido podría existir sin un gobernante.
Pasaron siglos. El mundo entró en la era de las máquinas, luego de las computadoras, sin embargo, la gente seguía creyendo que todo debía tener un maestro — un banco, un gobierno, un rey o un ejército.
Y así, en el siglo XXI, algo llamado “Bitcoin” nunca nació.
Nadie imaginó que el dinero podría existir sin bancos, o que la confianza podría construirse a partir de algoritmos.
La humanidad nunca se dio cuenta de que la blockchain era el descendiente espiritual de las pirámides:
una estructura de capas, precisa, eterna, inmutable una vez completada.
Pero como nunca se levantaron piedras, nunca se escribieron códigos.
Y el mundo permaneció como estaba —
gobernado por bancos, controlado por gobiernos,
donde la libertad se medía por cuánto permitía el sistema.
Satoshi nunca nació, y la idea de confianza descentralizada nunca existió.
Las personas nunca descubrieron cómo los humanos podían construir algo que nunca muere —
ya sea una pirámide de piedra o un sistema de código
¿Qué pasaría si las Pirámides nunca se hubieran construido y Blockchain nunca hubiera nacido?

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