En el contexto de la acelerada fusión entre la economía digital y la economía real, un proyecto innovador llamado GAIB está intentando construir una red de valor abierta y compartible para la infraestructura de inteligencia artificial a través de la tecnología blockchain. Su idea central es transformar los recursos de computación de IA, hardware inteligente y centros de datos en el mundo físico en tokens en la cadena, logrando que los recursos sean divisibles, intercambiables y combinables, reduciendo así la barrera de entrada a la inversión y mejorando la eficiencia de la asignación de recursos.

La piedra angular de la estabilidad de este ecosistema es el dólar AI (AID), que es una moneda estable sintética respaldada por activos de bajo riesgo como los bonos del Tesoro de EE. UU. AID no solo tiene funciones de pago con precios estables, sino que también se ha convertido en un importante puente que conecta activos tradicionales con finanzas descentralizadas. Los usuarios pueden utilizar AID para liquidar diversos servicios de IA, y también pueden inyectarlo en protocolos DeFi para participar en minería de liquidez, préstamos y otras actividades, logrando un aumento compuesto de activos.

sAID, como forma de garantía de AID, libera aún más el potencial de ganancias de los participantes. Los usuarios, al apostar AID como sAID, no solo mantienen la liquidez de los activos, sino que también obtienen derechos a participar en los dividendos de la red de computación de IA y en la financiación de proyectos de robots. Esto significa que los poseedores de sAID se convierten, de hecho, en 'microaccionistas' de la infraestructura de IA, compartiendo tanto las ganancias de uso como participando en el ciclo de capital de la iteración tecnológica.

La práctica de GAIB, en cierto sentido, redefine la lógica de inversión y financiación de la 'infraestructura de IA'. Los recursos de hardware y computación de IA tradicionales a menudo son monopolizados por unos pocos gigantes, mientras que el mecanismo de tokenización permite que los inversores comunes participen con un bajo umbral. Esto no solo amplía las fuentes de capital de la industria de IA, sino que también promueve el desarrollo de un camino de desarrollo tecnológico más distribuido y impulsado por la comunidad.

Desde una perspectiva más macro, la exploración de GAIB representa una dirección importante en la tokenización de RWA (activos del mundo real). Ya no se limita a activos financieros, sino que incluye elementos físicos como instalaciones tecnológicas y recursos de hardware en el ámbito de la cadena de bloques, ampliando así los escenarios de aplicación de la blockchain. Al mismo tiempo, al combinar IA, DeFi y RWA, GAIB intenta construir un sistema económico de circuito cerrado, donde el capital puede moverse, los recursos pueden ser distribuidos y el valor puede acumularse.

Por supuesto, este modelo aún enfrenta múltiples desafíos en la implementación técnica, el reconocimiento regulatorio y el control de riesgos. Pero es innegable que nos muestra un panorama futuro de colaboración entre humanos y máquinas, y una fusión profunda entre capital y tecnología: la IA no es solo una herramienta, sino que también puede convertirse en un objeto de inversión en el que todos pueden participar.

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