La flexibilización cuantitativa es una política monetaria no convencional que adoptan los bancos centrales cuando sus herramientas convencionales alcanzan los límites de sostenibilidad, y no necesariamente cuando pierden efectividad de inmediato. En condiciones normales, la economía se gestiona a través de la tasa de interés, pero cuando la alta tasa de interés se convierte en una carga para el crecimiento, el servicio de la deuda y la estabilidad financiera, el sistema entra en una fase de estrangulación gradual. En esta etapa, la reducción de la tasa de interés no es políticamente o psicológicamente posible aún, pero continuar con el endurecimiento se vuelve insostenible económicamente. Aquí es donde la flexibilización cuantitativa comienza a aparecer como un camino a seguir, no como una decisión anunciada, donde primero se gestionan las expectativas antes de que se gestionen los presupuestos, como ha sucedido históricamente con instituciones como la Reserva Federal.

La razón real para recurrir al estímulo cuantitativo no está únicamente ligada a que la tasa de interés se haya reducido a cero, sino al acumulamiento de presiones generadas por el propio apretón. El aumento del costo del financiamiento, la caída de la actividad crediticia, la presión por el servicio de la deuda gubernamental y la desaceleración del crecimiento son todos factores que hacen que la política monetaria estricta sea insostenible a largo plazo. Por eso, los bancos centrales comienzan a insinuar el cambio, en lugar de anunciarlo, y a preparar psicológicamente a los mercados antes de cualquier cambio real, porque el retorno al estímulo representa un reconocimiento implícito de que el sistema no puede soportar un disciplina monetaria prolongada. En este contexto, el estímulo cuantitativo se convierte en una herramienta para ganar tiempo, no para resolver problemas fundamentales.

La mecánica del estímulo cuantitativo permanece constante en esencia. El banco central crea nueva liquidez y la utiliza para comprar bonos, lo que eleva sus precios y reduce sus rendimientos, impulsando el capital a salir de los instrumentos de deuda hacia activos de mayor riesgo. Esta liquidez no fluye directamente a la economía real, sino que primero pasa por los mercados financieros, mostrando sus efectos en los precios de los activos antes de cualquier mejora real en la producción o ingresos. Por lo tanto, el primer impacto del estímulo no es inflación en bienes, sino inflación en activos, y la inflación de consumo aparece posteriormente tras un retraso temporal.

Este marco analítico es la base para comprender el ciclo de liquidez en los mercados de criptomonedas. Históricamente, los mercados de cripto no entran en una fase de crecimiento acelerado hasta que se cumplen dos condiciones simultáneamente: la ruptura de Bitcoin por su máximo del ciclo anterior y su estabilidad por encima de ese nivel, junto con un cambio en la política monetaria global de una fase de apretón a una trayectoria de flexibilidad real o esperada. Este patrón se ha repetido claramente en los ciclos de 2017 y 2020–2021, donde las criptomonedas alternativas no experimentaron aumentos reales antes de que Bitcoin se consolidara en nuevos máximos.

Cuando Bitcoin supera niveles históricos significativos, como la zona de 100.000 dólares, cambia el comportamiento del capital institucional. En esta etapa, la liquidez ya no se concentra únicamente en Bitcoin como activo escaso, sino que comienza a trasladarse hacia redes capaces de absorber flujos más grandes y ofrecer usos prácticos. Aquí comienza la fase de redistribución del capital dentro del mercado de criptomonedas.

Ethereum representa la primera etapa en esta transición. En el ciclo anterior, su fuerte aumento no comenzó hasta que Bitcoin se estabilizó por encima de sus máximos, cuando subió desde niveles bajos hasta cerca de los cinco mil dólares durante el periodo de estímulo cuantitativo. Hoy, la situación de Ethereum es más madura, con una tasa de emisión reducida, una mecánica de quema de comisiones que disminuye la oferta y una mayor adopción institucional a través de capas secundarias. Por lo tanto, actualmente se considera más una capa de liquidación financiera que una simple plataforma tecnológica experimental.

Después de que Ethereum se saturó de liquidez, los fondos se dirigen hacia redes que destacan por su velocidad y bajo costo, donde la especulación juega un papel más importante. Históricamente, Solana ha sido uno de los principales beneficiarios en esta fase. El retorno de la actividad de red y desarrolladores durante 2023 y 2024 precedió al aumento del precio, un patrón que suele repetirse antes de oleadas masivas de liquidez. En un entorno de estímulo, los mercados no solo recompensan el profundo capital financiero, sino también la eficiencia y la velocidad, lo que hace que Solana sea candidata a atraer capital de alto riesgo.

Mientras tanto, BNB representa una apuesta diferente en la fase alcista. Su valor está directamente vinculado al volumen de actividad de trading, no a narrativas tecnológicas. En el ciclo de 2020–2021, subió bruscamente junto con el aumento del volumen de trading y el uso de los servicios de la plataforma. Cuando Bitcoin supera niveles históricos, automáticamente aumentan el volumen, las garantías y los rendimientos, haciendo que BNB sea un reflejo del conjunto del mercado de criptomonedas.

El punto clave que la mayoría de los inversores ignoran es el orden temporal del flujo de liquidez. Las criptomonedas principales no lideran el mercado antes que Bitcoin, sino que lo siguen en una secuencia histórica observable. El rendimiento superior no se debe a elegir el "mejor proyecto", sino a entrar en el momento en que la liquidez comienza a trasladarse efectivamente de un activo a otro.

En conclusión, los mayores rendimientos en ciclos anteriores no se alcanzaron al inicio de la subida, sino después de que Bitcoin se consolidó en un nuevo máximo en un entorno monetario flexible. Por lo tanto, la pregunta fundamental para un inversor serio no es "¿qué criptomoneda debo comprar?", sino: ¿ha comenzado realmente el ciclo de liquidez, o aún estamos en una fase de preparación?