La economía de EE. UU. avanza, pero no en piloto automático. El crecimiento del PIB refleja una demanda constante de los consumidores y servicios resilientes, mientras que las condiciones financieras más estrictas continúan poniendo a prueba el impulso. Se trata menos de una expansión explosiva y más de un equilibrio: un crecimiento que sobrevive a tasas más altas, al comercio global cambiante y al gasto corporativo cauto.
Para los mercados, esto señala una fase donde los datos importan más que los titulares. El crecimiento sostenible, no la velocidad, es ahora el verdadero indicador a seguir.