Imagina al Homo sapiens aún con olor a fuego recién encendido en las manos, piel marcada por el sol, viviendo en pequeños clanes. No existía escritura, ni Estado, ni bancos. Lo que existía era confianza tribal, memoria colectiva e intercambio simbólico. Ahora inyecta criptomonedas en este mundo. No como gráfico, ni aplicación. Sino como idea. La blockchain como fuego invisible. El fuego no era de nadie, pero todos sabían usarlo. La blockchain sería vista de la misma forma: un registro común, imposible de borrar, grabado no en piedra, sino en la memoria ritual de la tribu.

Cada transacción sería un acto público, testificado por el grupo. Nada de intermediarios. Nada de reyes validando. El consenso no vendría de algoritmos, sino de ojos atentos alrededor de la fogata. Tokens como símbolos de valor ancestral. Las criptomonedas no serían “dinero”, sino símbolos de contribución. ¿Cazaste? ¿Protegiste al clan? ¿Enseñaste algo nuevo? Recibes un token. No para acumular, sino para probar que ya contribuiste. Quien tiene tokens, tiene voz. Quien pierde la confianza, pierde valor. La Prueba de Trabajo no sería minería. Sería supervivencia.

Carteras como identidad. No existía CPF. Existía reputación. Tu “wallet” sería tu nombre, tus marcas, tu historia. Si rompías acuerdos, nadie aceptaba tus tokens. El mercado era brutal, pero honesto. Cero KYC. 100% reputación. Sin inflación, sin promesa vacía. No se podía imprimir más comida. Por lo tanto, no se podía imprimir más valor. La oferta sería sagrada. Limitada como las estaciones del año. Quien intentara eludir el sistema… era expulsado del consenso. Y fuera del consenso, no hay valor. En el fondo… Tal vez el Homo sapiens entendiera cripto mejor que nosotros. Porque antes de gráficos, protocolos y whitepapers, cripto habla sobre algo antiguo: Confianza, cooperación, memoria colectiva, valor creado por el esfuerzo real... La tecnología es nueva. La lógica… es ancestral.

#USDT #BNB #ZANNA