En 2025, las stablecoins se habrán desprendido por completo de su identidad periférica como "tokens digitales", evolucionando oficialmente hacia una nueva base financiera global que supera los 300 mil millones de dólares. Su transformación más esencial radica en reemplazar las "promesas crediticias" opacas de los bancos tradicionales con "código en cadena" transparente, lo que no solo permite que el flujo de capital transnacional sea instantáneo y sin fronteras, como enviar un correo electrónico, sino que también inserta lógica automatizada en la moneda a través de contratos inteligentes, proporcionando una base de operación segura para las finanzas autónomas en la era de la IA; aunque actualmente aún se necesita mejorar en la protección de la privacidad y la seguridad subyacente, este cambio de paradigma financiero impulsado por la tecnología está llevando de manera irreversible a la humanidad hacia una nueva era del mercado de capitales de internet, donde los activos son programables y los riesgos son monitoreables.