Al final de este año, me detuve un momento para reflexionar y sentir gratitud por cada lección que me hizo más fuerte.
He aprendido que la mayoría de los desafíos no son con las personas que nos rodean, sino que son un enfrentamiento con nosotros mismos, construcción de confianza y firmeza en los principios.
Y aprendí que el desarrollo es un estilo de vida, no una opción, y que el tiempo no tiene precio... por lo tanto, debemos invertirlo sabiamente en aprender, mejorar y elegir las relaciones correctas.
También aprendí el valor de la integridad:
Es difícil que una persona tenga éxito en un entorno que no se asemeja a sus principios, valores y cultura, porque estos estándares son lo que nos forma y define nuestro camino.
Y lo más importante... aprendí que los padres son la base, la salud es una prioridad y que el silencio a veces es la respuesta más poderosa.
Este año no ha sido fácil, pero me ha hecho más consciente, más firme y más cerca de mi Creador.
Agradecida por el crecimiento... y lista para todo lo que está por venir. 🤍
