El auge de las criptomonedas como $BTC y $ETH fue enmarcado como un sistema financiero alternativo, independiente de bancos y gobiernos. Pero bajo una lente conspirativa, las criptomonedas pueden haber servido para un propósito muy diferente: una prueba de estrés en tiempo real para la liquidez global y la psicología del inversor.
Los inversores minoristas vertieron capital en $BTC, $ETH, $SOL y activos especulativos como $SHIB, mientras las instituciones observaban cuán rápido podía moverse el dinero, entrar en pánico o concentrarse. Cada corrida alcista medía la codicia. Cada colapso medía el miedo. Eventos como el colapso de $LUNA y $FTT no fueron anomalías, sino puntos de datos.
Los mercados de criptomonedas operaban 24/7, sin interruptores de circuito y con mínima regulación, condiciones perfectas para observar el comportamiento humano sin filtros. Los drenajes de liquidez, las liquidaciones en cadena y los desastres por apalancamiento proporcionaron insights que los mercados tradicionales nunca podrían probar de forma segura.
En esta teoría, las criptomonedas nunca estuvieron destinadas a reemplazar al dinero fiduciario. Fue un entorno de prueba para simular crisis antes de que ocurrieran en otras partes.$


