Cuanto más intensamente amas, más fácil es perder de manera dolorosa. Porque el amor, en esencia, es un juego de apuestas; cuanto más lo aferras, más desea la otra persona liberarse. Cuanto más te humillas para agradar, más la otra persona lo considera algo natural. El verdadero amor debería ser un equilibrio entre la cercanía y la distancia; debe tener límites y preservar la dignidad.