Hoy el orden global ha colapsado efectivamente. Sin ninguna investigación internacional, EE. UU. ha atacado a Venezuela e incluso ha afirmado haber secuestrado al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. Esto no es nuevo. Desde que Hugo Chávez fue elegido en 1998, Venezuela ha enfrentado una constante desestabilización respaldada por EE. UU.: golpes, sanciones y operaciones de cambio de régimen que han devastado su economía.
Este incidente revive el espíritu de la Doctrina Monroe del siglo XIX, bajo la cual América Latina fue tratada como un patio trasero de EE. UU. La historia muestra cómo esta doctrina condujo a la explotación, dictaduras militares y asesinatos en masa—Chile 1973 siendo uno de los ejemplos más oscuros.
Lo que está sucediendo hoy va aún más lejos. Tras el genocidio de Israel en Gaza y los ataques en toda la región, que han sido recibidos con silencio global, la ley internacional ha perdido todo significado. Cuando los estados poderosos pueden violar las normas abiertamente, otros seguirán su ejemplo.
El verdadero objetivo de la agresión occidental es China, el primer país en 400 años que desafía seriamente el dominio tecnológico y económico occidental. Mientras Estados Unidos pierde terreno económico, aún depende de su poder militar para encerrar a China. Esta estrategia está empujando al mundo hacia una lenta y fragmentada Tercera Guerra Mundial.
Los países ahora se enfrentan a una elección brutal: unirse a las guerras occidentales o ser destruidos. Pakistán también enfrenta esta elección. En lugar de un debate público, las decisiones se imponen y la disidencia se silencia.
Después del petróleo venezolano, Irán podría ser el siguiente. Si Pakistán no tiene una estrategia independiente clara, corre el riesgo de verse arrastrado a guerras de proxy interminables.
Una verdad es clara: hablar de derechos humanos y democracia ahora es solo una tapadera para el cambio de régimen. El sistema global está gobernado por la fuerza militar. El verdadero debate que nos espera no es la libertad ideal, sino cómo proteger democráticamente la soberanía y la defensa nacional antes de que sea demasiado tarde.
