DeFi nunca se pensó que fuera perfecto en el primer intento.
La primera ola demostró algo poderoso: el dinero puede moverse sin bancos. Pero también mostró problemas: alto riesgo, recompensas inestables y sistemas que solo los expertos podían entender.
DeFi 2.0 se trata de madurar.
En lugar de perseguir el bombo a corto plazo, los nuevos proyectos DeFi se centran en la sostenibilidad. Trabajan en una liquidez más segura, recompensas más inteligentes y mejor protección para los usuarios. El objetivo no son ganancias rápidas, sino confianza a largo plazo.
DeFi 2.0 importa porque las finanzas reales necesitan estabilidad.
Y los usuarios reales necesitan sistemas en los que puedan confiar, no solo experimentos.