Solía pensar que explicar la nueva tecnología a los niños significaba sentarlos y "enseñarles" adecuadamente. Palabras, definiciones, respuestas correctas e incorrectas. Pero con el cripto, ese enfoque falló casi de inmediato. Cuanto más intentaba explicar, más distante se volvía mi hijo. Sentía como la escuela, no la vida.
Lo que funcionó en su lugar fue no enseñar en absoluto.
Una tarde, mi hijo me mostró una breve lección que acababa de ver. No era impresionante desde un punto de vista técnico. Sin gráficos, sin números, sin grandes afirmaciones. Solo una pequeña historia sobre personas que acuerdan reglas y mantienen registros juntas. Cuando terminó, no había ninguna conclusión que indicara al niño qué pensar. Solo había una pausa, como si invitara a preguntar: "¿Esto tiene sentido para ti?"
Ese momento de pausa importó.
Los niños no necesitan que los adultos lleguen corriendo con respuestas. Necesitan espacio para conectar ideas a su manera. Cuando el aprendizaje se presenta como una exploración en lugar de una instrucción, la curiosidad permanece viva. En ese sentido, el cripto deja de ser misterioso y menos tentador. Se convierte simplemente en otro sistema creado por humanos, con fortalezas y debilidades.
Noté algo más con el tiempo. Mi hijo dejó de ver el cripto como un atajo o un truco secreto. En cambio, comenzó a compararlo con cosas que ya entendía. Juegos con dinero dentro del juego. Cuentas en línea con contraseñas. Proyectos grupales en la escuela donde el engaño de una persona afecta a todos. Estas comparaciones no vinieron de mí. Vieron de parte del niño.
Para los adolescentes, esto importa aún más. A esa edad, ser obligado a hacer algo suele provocar resistencia. Pero ser confiado para pensar, eso genera responsabilidad. Cuando a los jóvenes se les anima a preguntar "por qué" en lugar de decirles "no hagas esto", comienzan a reconocer el riesgo por sí mismos. Comienzan a ver que no todo lo nuevo es bueno, y que no todo lo digital es inocuo.
Como padre, también tuve que aprender a contenerme. No convertir cada lección en una advertencia. No interrumpir la curiosidad con el miedo. A veces, la mejor guía es simplemente estar presente, escuchar y admitir: "Yo tampoco lo sé."
El cripto seguirá cambiando. Las plataformas subirán y caerán. Las reglas evolucionarán. Pero el hábito de pensar lentamente, hacer preguntas cuidadosas y conversar con honestidad, eso permanece.
Y tal vez esa sea la verdadera lección. No cómo funciona el cripto, sino cómo abordar un mundo desconocido sin pánico, sin codicia y sin fingir que ya entendemos todo.
