El dinero en sí no tiene temperatura, pero el corazón humano sí. Hace dos años ayudé a un amigo de la comunidad de criptomonedas que nunca había conocido, y aún recuerda ese gesto; cada año me envía productos típicos: lo que presté fue confianza, lo que recibí fue agradecimiento, y también un cariño duradero. ¡Que cada acto de bondad y generosidad en la vida sea correspondido con ternura!