¡El toro ha llegado, y se ha ido, como si nunca hubiera venido!

El toro ha llegado. Esta vez, todos lo vieron a través de sus pantallas. Verde brillante, brillante hasta lo cegador, y así comenzó el bullicio en el grupo: "¡El mercado alcista está confirmado!" "¡Esta vez es diferente!" "¡Si no subimos ahora, será demasiado tarde!" Como si el toro ya estuviera de pie en la cuenta de cada uno, agachándose para esperar que alguien subiera a su lomo.

El toro se detuvo brevemente. La gráfica se alzó orgullosa, el volumen jadeaba, se sacaron a la luz viejos capturas de pantalla y se inventaron rápidamente nuevas historias. Ayer hablaban de fe, hoy ya calculaban el año en que alcanzarían la libertad financiera.

Sin embargo, el toro no dijo nada.

Miró a estas personas: cuando subía, hablaban de narrativas; cuando bajaba, hablaban de perspectiva; cuando ganaban, decían que era por su conocimiento; cuando perdían, decían que el mercado era injusto. Entonces, con un leve movimiento de la cola, pisó ligeramente la liquidez y se fue.

El toro se fue muy silenciosamente. Sin anuncios, sin campanas, solo el precio retrocediendo lentamente. Cuando todos se dieron cuenta, la pantalla ya no era verde, y en el grupo comenzaron a debatir sobre "inversión a largo plazo", "lavado de precios", "volverá".

Al final, solo quedó una frase que se repetía una y otra vez en la línea del tiempo:

El toro ha llegado, y se ha ido, como si nunca hubiera venido.

Pero el saldo lo sabe.

La captura de pantalla del máximo aún está allí, la posición en el mínimo aún está llena.

Solo que esta vez, nadie quiere admitir que en realidad ya han visto al toro.

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