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La morsa es uno de los animales más únicos que viven en la región ártica. Es fácilmente reconocible por sus largos colmillos, su gran cuerpo y su piel gruesa y arrugada. Las marsopas pasan la mayor parte de su tiempo en aguas oceánicas frías cerca de las placas de hielo, pero a menudo suben a tierra o al hielo para descansar en grandes grupos llamados manadas.
Las marsopas utilizan sus colmillos para múltiples fines. Los colmillos les ayudan a sacar sus cuerpos pesados del agua hasta el hielo, defenderse de depredadores y establecer dominancia dentro del grupo. Son animales sociales y prefieren vivir juntos en lugar de solos. La comunicación es importante para las marsopas, y utilizan sonidos como gruñidos, silbidos y ruidos similares a campanas para interactuar entre sí.
Su dieta consiste principalmente en almejas, caracoles y otros pequeños animales marinos encontrados en el fondo del océano. Usando sus sensibles bigotes, las marsopas pueden localizar fácilmente la comida incluso en aguas oscuras y frías. Un morsa adulta puede comer miles de almejas en un solo día.
Las marsopas desempeñan un papel importante en el ecosistema ártico, pero el cambio climático representa una amenaza seria para su supervivencia. La fusión del hielo reduce sus áreas de descanso y afecta la disponibilidad de alimento. Proteger el entorno ártico es esencial para garantizar que las futuras generaciones puedan seguir viendo y aprendiendo sobre estos animales notables.

