La morsa (Odobenus rosmarus) es uno de los habitantes más icónicos y especializados del Ártico.1 Como especie clave, desempeña un papel vital en el ecosistema marino, actuando como un "tractor biológico" que remodela el fondo marino.2 Reconocible por su gran tamaño, piel arrugada y colmillos formidables, las momas no son solo curiosidades árticas; son mamíferos altamente sociales e inteligentes con una biología compleja perfectamente adaptada al mundo climático más implacable.3

Adaptaciones físicas y el "paseo con los dientes"

La morsa pertenece al grupo conocido como focas, que incluye focas y leopardos marinos.4 Sin embargo, es el único miembro vivo de su familia, Odobenidae.5 Su nombre científico se traduce literalmente como "caballo de mar que camina con dientes", una referencia a cómo las morsas usan sus colmillos para arrastrar sus cuerpos inmensos—que a veces pesan hasta 1.700 kg—fuera del agua y sobre las plataformas de hielo.6

Estos colmillos, que en realidad son caninos superiores alargados, crecen durante toda la vida de la morsa y pueden alcanzar longitudes de casi un metro.7 Más allá de ayudar en el movimiento, los colmillos se utilizan para la defensa contra depredadores como los osos polares y las orcas, y como símbolo de estatus dentro de la jerarquía del grupo.8

Para sobrevivir en aguas frías, los morsas poseen una capa de grasa hasta de 10 cm de grosor.9 Curiosamente, su piel cambia de color según la temperatura: en aguas heladas, la sangre se desvía hacia los órganos internos, lo que las hace aparecer pálidas o grises; cuando se tumban al sol, los vasos sanguíneos se dilatan, dándoles un tono rosado-pink distintivo.10

Vida social y búsqueda de alimento

Las morsas son increíblemente gregarias.11 Pasan dos tercios de su vida en el agua, pero se congregan en grandes "grupos de desembarco" en tierra o hielo que pueden contar con miles de individuos.12 Estos grupos proporcionan calor mediante el apelotonamiento y protección contra depredadores.13

Su dieta es igualmente especializada. A pesar de su tamaño, se alimentan principalmente de pequeños invertebrados bentónicos como almejas y mejillones.14 Usando sus 400 a 700 barbas extremadamente sensibles, llamadas vibrissas, "sienten" su camino a través del fondo marino turbio.15 Una vez que localizan su presa, no mastican; en cambio, usan su poderosa lengua tipo pistón para crear un vacío, chupando la carne blanda directamente del cascarón.16

Un futuro frágil

A partir de 2026, la morsa enfrenta desafíos significativos debido a la pérdida rápida del hielo marino ártico.17 Debido a que dependen de las plataformas de hielo como puntos de descanso y para criar a sus crías, el retroceso del hielo las obliga a viajar más lejos para alcanzar los lugares de alimentación o a congregarse en costas abarrotadas.18 Estos grupos de desembarco en tierra son peligrosos, ya que los animales son propensos a pánicos si se asustan por actividades humanas o aviones.19

Los esfuerzos de conservación actuales se centran en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y en gestionar las actividades industriales, como el transporte marítimo y la exploración de petróleo, en los mares de Bering y Chukchi. Proteger a la morsa no se trata solo de salvar un animal; se trata de preservar el delicado equilibrio del frente ártico.

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