El movimiento de Trump para comprar 50 millones de barriles de petróleo venezolano es una jugada estratégica para asegurar recursos energéticos y limitar la influencia de naciones rivales. El acuerdo, valorado en 4.200 millones de dólares, implica que Estados Unidos compre directamente el petróleo, con advertencias contra Rusia o China intentando adquirirlo. Este movimiento podría reconfigurar los flujos energéticos, aumentar la dominancia de EE. UU. en el Hemisferio Occidental e impactar los mercados globales de petróleo.
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El acuerdo forma parte de la doctrina energética de Trump "América primero", que busca restaurar la producción venezolana bajo liderazgo corporativo estadounidense y debilitar potencialmente la influencia de OPEC+. Empresas estadounidenses como Chevron, Exxon y Valero están preparadas para beneficiarse del acuerdo, aunque algunas expresan cautela debido al estatus de "no inviable" de Venezuela y sus deudas pendientes.