Es probable que haya escuchado la palabra "comerciante". El temperamento de un comerciante es bastante diferente del de una persona común. Él no observa el mercado con emociones, sino con comprensión, experiencia y ritmo.
El trabajo fundamental de un comerciante parece muy sencillo, pero en realidad es profundo. Compra mercancía de una persona y la vende a otra con un pequeño beneficio. Comprar grano de un agricultor y llevarlo al mercado, comprar animales de un mercado y venderlos a un terrateniente, o comprar frutas de un huerto y llevarlas hasta un vendedor de frutas, son ejemplos comunes del trabajo diario de un comerciante.
Un comerciante nunca mantiene inventario. Si alguien es comerciante de animales, verá nuevos animales cada semana en su campamento. Ya sea beneficio o pérdida, no deja que la mercancía permanezca acumulada, porque sabe que detener la mercancía detiene el negocio. Si un animal causa una pérdida, no piensa en quedarse atrapado en él, sino que confía en que la siguiente transacción compensará la pérdida anterior.
El verdadero capital de un comerciante es su experiencia y comprensión. Él sabe cuál es el valor de cada animal, qué mercancía se vende en cada temporada y en qué momento una transacción puede ser rentable. Esta cualidad lo distingue claramente de una persona común.


