Muchos participantes del movimiento de protesta dentro de Irán, así como sus simpatizantes fuera del país, esperaban que la república islámica ya estuviera al borde de un colapso rápido e inesperado. En su imaginación, el sistema político en Teherán debería haberse derrumbado prácticamente de inmediato bajo la presión de las calles. Sin embargo, los acontecimientos actuales indican que si el proceso de debilitamiento del régimen ha comenzado, lo hace de manera lenta y gradual, no rápida.

La ola de protestas masivas, que dura ya varias semanas, representa para las autoridades iraníes uno de los desafíos más graves en años. Aunque en la historia reciente de Irán han habido múltiples episodios de descontento social, las protestas actuales se distinguen por su contexto y escala. Ocurren en medio de ataques militares regulares contra objetivos iraníes, realizados por Israel y los Estados Unidos en los últimos dos años, lo que refuerza aún más la sensación de inestabilidad y presión sobre el Estado.

Sin embargo, para la mayoría de los ciudadanos comunes, la principal fuente de irritación sigue siendo menos el enfrentamiento internacional que la difícil situación socioeconómica dentro del país. Los iraníes enfrentan cada vez más problemas de supervivencia básica: el aumento de los precios de los alimentos, la reducción de ingresos y la disminución de la capacidad de compra convierten el abastecimiento familiar de bienes esenciales en una verdadera prueba. Muchos consideran que las consecuencias de las sanciones prolongadas son la causa principal de la deterioración de las condiciones de vida.

A finales de otoño, la economía iraní recibió un nuevo golpe doloroso. Reino Unido, Alemania y Francia restablecieron las sanciones previamente levantadas en el marco del acuerdo nuclear de 2015, que en la práctica ya había dejado de existir. Estas restricciones estaban previstas en resoluciones de la ONU y volvieron a hacerse efectivas tras el fracaso de los intentos diplomáticos por salvar el acuerdo.

Los indicadores económicos solo aumentan la tensión. En 2025, la inflación de productos alimenticios superó el 70%, golpeando con fuerza a los sectores más vulnerables de la población. La moneda nacional, el rial iraní, se desplomó hasta un mínimo histórico en diciembre, acelerando aún más el aumento de precios y socavando la confianza de los ciudadanos en el sistema económico.

Según informes de agencias internacionales, la magnitud de las protestas resultó extremadamente sangrienta: según datos de Reuters, el número de muertos podría alcanzar las dos mil personas. En este contexto, el presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró que el apoyo a los manifestantes ya estaba en camino, lo que añadió tensión internacional y aumentó las preocupaciones del gobierno iraní sobre una posible intervención externa.

A pesar de la presión sin precedentes —tanto interna como externa—, los hechos disponibles indican que el régimen iraní aún conserva la capacidad de mantener el poder. Las estructuras de fuerza permanecen leales al liderazgo, y el aparato estatal continúa funcionando. Por tanto, aunque los acontecimientos actuales debilitan seriamente la estabilidad del sistema, parece prematuro hablar de su caída inminente e inevitable en el corto plazo.

#NEW

#StrategyBTCPurchase