China no se convirtió en una potencia económica saltándose pasos ni eligiendo el camino cómodo. Se industrializó primero, a un costo enorme, con largas jornadas laborales, cielos contaminados y una generación que pagó el precio para que la siguiente pudiera vivir mejor.
El carbón nunca fue el sueño. Fue la sacrificio.
Todos quieren copiar el éxito. Muy pocos quieren copiar el costo. Y esa es la parte que a menudo falta en los debates occidentales, donde exigimos resultados limpios sin aceptar la ruta histórica que hizo posible la prosperidad.
No puedes industrializar una nación con eslóganes solamente.
