China sigue construyendo plantas de carbón. Al mismo tiempo, está instalando más capacidad solar y eólica que cualquier otro país del planeta.
Eso no es hipocresía. Eso es estrategia.
El carbón ya no es el motor principal. Cada vez es más un respaldo. Una batería contaminante mantenida para momentos de estrés, picos de demanda o inestabilidad en la red. La seguridad energética va antes que la ideología, porque los apagones destruyen la confianza más rápido que los datos sobre contaminación.
Esto no hace que el carbón sea irrelevante. Lo convierte en un seguro. Y el seguro es algo que los estados toman muy en serio.
