DeFi no se rompió porque el código fuera abierto; se rompió porque las incentivas lo fueron. Cuando todo es permisivo, el ataque más barato suele ser social, y el costo lo pagan los usuarios comunes. Por eso, la intuición de Dusk de poner límites reguladores al DeFi tiene importancia. La privacidad no tiene por qué ser lo opuesto a la supervisión, y la supervisión no requiere un jardín cerrado y permisivo. El camino intermedio convincente es la divulgación selectiva: transactuar de forma confidencial, demostrar que se siguieron las reglas y revelar únicamente los detalles mínimos necesarios cuando realmente importa. El trabajo de Dusk en contratos inteligentes que preservan la privacidad y cumplen con las regulaciones, y en ejecución confidencial, apunta en esa dirección, especialmente para activos reales que ya están sujetos a obligaciones legales. Si DeFi quiere tocar nóminas, tesorerías o mercados regulados, necesita componibilidad más una responsabilidad creíble. Los límites reguladores no son una retirada de la descentralización; son lo que hace que la descentralización sea utilizable fuera de los círculos cripto-nativos. Piensa en pruebas de identidad sin desnudar, ganchos de cumplimiento sin puertas traseras y valores predeterminados que castiguen el comportamiento.

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