Hay mucha tensión geopolítica acumulándose alrededor de Groenlandia, la enorme isla cubierta de hielo cerca del Círculo Ártico.
Groenlandia es autogobernada, pero todavía es oficialmente parte del Reino de Dinamarca. Dinamarca controla áreas clave como la política exterior, la defensa y la seguridad, mientras que Groenlandia maneja la mayoría de los asuntos internos. No es completamente independiente, pero tampoco es solo un territorio danés regular.
La controversia se intensificó cuando el ex presidente de EE. UU. Donald Trump dijo abiertamente que EE. UU. debería comprar Groenlandia. Su argumento se basó en:
Seguridad nacional (control de rutas árticas y defensa de misiles),
Recursos naturales (minerales de tierras raras críticos para la tecnología, vehículos eléctricos y armas),
Bloquear a rivales como Rusia y China de expandir su influencia en el Ártico.
Los líderes de Dinamarca y Groenlandia rechazaron inmediatamente la idea, repitiendo el claro mensaje:
“Groenlandia no está en venta.”
Lo que hizo las cosas aún más interesantes fue la reacción de Rusia. Moscú declaró públicamente que Groenlandia pertenece a Dinamarca y que su estatus debe ser respetado.
¿Por qué diría Rusia eso?
Se trata menos de amabilidad y más de estrategia.
Al respaldar la reclamación de Dinamarca, Rusia está:
Llamando a EE. UU. por usar “amenazas de seguridad” como justificación para expandir poder,
Señalando que Washington no debería tomar el control unilateral del territorio ártico,
Posicionándose como defensor de normas internacionales—mientras avergüenza sutilmente a EE. UU.
También es un recordatorio de que Rusia está monitoreando de cerca los desarrollos en el Ártico, especialmente a medida que la región se vuelve más valiosa debido al derretimiento del hielo, nuevas rutas de envío, posicionamiento militar y recursos no explotados.
Mientras tanto, los países de la OTAN están aumentando su presencia militar en el Ártico para mostrar apoyo a Dinamarca y proteger intereses estratégicos. Lo que solía ser un rincón helado ahora es un punto caliente de poder global.
En resumen:
Groenlandia se está convirtiendo en estratégicamente invaluable
EE. UU. quiere influencia o control
Dinamarca y Groenlandia dicen que no
Rusia dice “es danés” — en parte para presionar a EE. UU.
El Ártico se está convirtiendo silenciosamente en el próximo gran tablero geopolítico de ajedrez
Así que la verdadera pregunta sigue siendo:
¿Debería Groenlandia permanecer bajo Dinamarca, avanzar hacia la independencia total o alinearse eventualmente con otro poder?





