Plasma y el Costo de Saber por Qué Eres Responsable

Plasma no falla porque sea inseguro.

Lucha porque se niega a ocultar la responsabilidad.

La mayoría de los sistemas de blockchain tratan de hacer que la seguridad sea invisible. Si algo se rompe, la gobernanza interviene, se forma un consenso social, o el sistema reescribe la historia en silencio. Plasma no hace nada de eso. Deja algo dolorosamente claro: eres responsable de tu propia posición.

Eso no es una limitación técnica. Es una limitación psicológica.

Usar Plasma requiere conciencia—de ventanas de tiempo, pruebas y consecuencias. Asume que los usuarios no son participantes pasivos sino operadores activos de su propio riesgo. En términos profesionales, Plasma trata a los usuarios menos como clientes y más como contrapartes.

Por eso Plasma se siente pesado. No porque las matemáticas sean difíciles, sino porque la responsabilidad es real.

Para los ingenieros, Plasma es un espejo. Expone cuán a menudo dependemos de la abstracción para evitar la responsabilidad. Pregunta si estamos construyendo sistemas que protegen a los usuarios—o sistemas que los protegen de pensar.

Plasma elige el camino más difícil. Incorpora la responsabilidad directamente en el protocolo, en lugar de externalizarla a la gobernanza o la confianza.

Esa decisión lo hace incómodo.

También lo hace honesto.

Y la honestidad, en infraestructura, es una forma rara de profesionalismo.

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