La historia de las tarifas entre EE. UU. y la UE ya no es una disputa comercial. Es una escalada demostrativa, donde la economía se utiliza como palanca de presión en el juego geopolítico.
Trump, de hecho, plantea un ultimátum: o Europa acepta el acuerdo sobre Groenlandia, o a partir del 1 de febrero recibe tarifas del 10%, y para el verano — del 25%. La razón es secundaria. La esencia está en la señal. El comercio se vincula directamente a cuestiones de seguridad y soberanía. Y esto rompe toda la construcción habitual de las relaciones transatlánticas.
La reacción de la UE es ejemplar. Formalmente, son negociaciones, diplomacia, cumbres de emergencia. De hecho, es una preparación para un contraataque. Ya hay tarifas sobre €93 mil millones de productos estadounidenses sobre la mesa. Aviones Boeing, automóviles, bourbon. Y esto no es un bluff: las medidas ya fueron aprobadas anteriormente, solo estaban en pausa. Ahora se pueden activar en cuestión de días.
El punto clave es un instrumento anticoercitivo. Es la artillería pesada de la UE, que nunca se ha utilizado. Se creó precisamente para tales escenarios: cuando el comercio se utiliza como medio de coerción política. Si se activa, no solo se tratará de aranceles. Pueden haber impuestos sobre las empresas tecnológicas estadounidenses, restricciones a las inversiones, cierre de acceso a contratos públicos. Esto ya no es una 'respuesta'. Es un conflicto sistémico.
Es importante comprender la magnitud. La UE es la mayor fuente de importaciones en EE. UU. Más del 20% de todos los productos importados estadounidenses. Cualquier ruptura aquí afecta a ambas partes. Según Bloomberg Economics, con aranceles del 25%, las exportaciones de los países afectados a EE. UU. podrían caer hasta un 50%. Alemania, Dinamarca, Suecia están bajo el máximo impacto.
Y todo esto ocurre en el contexto de un rally en los mercados europeos. El dinero apenas ha comenzado a entrar en Europa: defensa, industria, bancos, equipos de chips. El giro fiscal alemán, la reducción de tasas, las esperanzas de crecimiento en las ganancias. La guerra comercial en este momento es la forma ideal de desestabilizar.
La posición estadounidense es extremadamente cínica y, por lo tanto, peligrosa. 'Europa proyecta debilidad, EE. UU. - fuerza'. No son negociaciones. Es una prueba de resistencia. Y si la UE retrocede ahora, no solo perderá posiciones comerciales, sino también su subjetividad política.
Lo más preocupante aquí no son ni siquiera los aranceles. Sino el precedente. Si los aranceles comerciales se convierten en un instrumento de coerción para los aliados de la OTAN, significa que las reglas ya no funcionan. Y cuando las reglas no funcionan, el mercado comienza a establecer el caos.
Esta historia no trata sobre Groenlandia. Esta historia trata sobre cuán rápido puede el mundo pasar de 'asociación económica' a presión económica abierta. Y para los mercados, este es un riesgo mucho más serio que cualquier informe de inflación.