Rusia acaba de hacer un movimiento que está llamando la atención no con amenazas, sino con lógica tranquila.
A través de su enviado especial, el presidente Vladimir Putin dijo que Rusia "entiende el razonamiento estratégico" detrás del interés de EE. UU. en Groenlandia. Eso por sí solo es inusual. Mientras que la mayoría de los líderes europeos reaccionan con firme oposición, Moscú eligió la moderación y eso es exactamente por lo que importa.

Este no es un comentario insignificante. Es una señal calculada.
Groenlandia no es solo hielo y nieve. Se encuentra en el centro del Ártico, controlando las futuras rutas de envío, corredores militares y acceso a enormes recursos no explotados como metales raros, petróleo y gas. A medida que el hielo polar se derrite, el Ártico se está convirtiendo rápidamente en una de las regiones más valiosas del planeta.

La respuesta de Rusia muestra que está mirando el asunto a través de la pura geopolítica, no de la emoción. Al parecer “comprensiva”, Moscú evita la confrontación mientras expone silenciosamente las fracturas dentro de la OTAN, especialmente entre EE. UU. y Dinamarca, que gobierna Groenlandia. Dejar que los rivales discrepen entre sí suele ser más efectivo que la resistencia abierta.

El mensaje es claro:
las grandes potencias ya están compitiendo por la dominación del Ártico, solo que por ahora sin el ruido.
Con Europa inquieta, la OTAN dividida y Rusia posicionándose como el observador tranquilo, el Ártico se está convirtiendo en un campo de batalla geopolítico de alto riesgo. Las palabras de Putin son un recordatorio de que el próximo gran cambio de poder global puede no ocurrir en Medio Oriente o Asia, sino en el frío silencio del extremo norte.
Lo que haga EE. UU. a continuación será observado de cerca, no solo por Europa, sino también por Moscú y Pekín. En geopolítica, el silencio y la moderación pueden ser tan estratégicos como la confrontación.
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