Un caso impactante del Reino Unido nos recuerda por qué la verdad, la evidencia y el debido proceso importan más que las narrativas.
Un estudiante chino de China continental que estudiaba en el Reino Unido fue arrestado tras acusar falsamente a un oficial de policía británico de violación después de una relación consensuada. La acusación llevó al oficial a prisión durante años, hasta que pruebas de audio demostraron más tarde que el encuentro fue consensuado y que la acusación fue fabricada.
Al final, la justicia se corrigió a sí misma.
El estudiante fue condenado a alrededor de 6 años de prisión, aunque bajo la ley británica, la libertad condicional anticipada y la deportación pueden aplicarse después de cumplir parte de la condena.
Este caso no se trata de nacionalidad o género; se trata de cuán devastadoras pueden ser las acusaciones falsas, y cuán crítica es la evidencia sólida en los sistemas de justicia modernos. Una mentira destruyó años de la vida, carrera y reputación de un hombre.
Los mercados castigan las mentiras rápidamente.
La ley eventualmente también lo hace.
La verdad puede tardar, pero rara vez permanece enterrada para siempre.