La senadora Lummis tiene razón. Cada retraso en la aprobación de la Ley CLARITY significa más startups, capital y talento eligiendo lugares como Singapur, Dubái y Suiza sobre América. Los constructores van donde las reglas tienen sentido.
En este momento, la regulación de criptomonedas en EE. UU. está impulsada por demandas, no por legislación. Las empresas no saben si están bajo la SEC o la CFTC, y esa incertidumbre mata la planificación a largo plazo.
La Ley CLARITY se trata de definir las reglas del camino: qué es un valor, qué es una mercancía y cómo las empresas de criptomonedas pueden operar legalmente. Esa claridad no es solo un asunto legal. Es una estrategia económica.
Las criptomonedas, la tokenización y la infraestructura de blockchain están dando forma a la próxima generación de finanzas globales. Los países que proporcionen certeza legal hoy albergarán a los gigantes financieros de mañana.

