El orden financiero del mundo actual es, en esencia, un gran experimento keynesiano:

Los países dependen de balances cada vez más expansivos para mantener la prosperidad económica, y el poder adquisitivo de las monedas fiduciarias se diluye constantemente en un largo período de inyección de dinero.

En este contexto, el auge de Bitcoin no es en absoluto una coincidencia.

Su mecanismo algorítmico que restringe estrictamente la oferta se ajusta a la perfección a la búsqueda de la "moneda honesta" por parte de la escuela austriaca.

Más que considerar al BTC como un activo especulativo, es mejor verlo como una votación colectiva contra el comportamiento de impresión de dinero sin límites de los bancos centrales del mundo, es un intento del mercado de buscar de manera espontánea puntos de anclaje de valor no soberano.