Lo más impresionante de esta historia no es la magnitud de las declaraciones ni siquiera el nivel de absurdo. Lo más interesante es que el sujeto cree sinceramente en su propia concepción.

Sin ironía. Ante nosotros hay una imagen del mundo fenomenológicamente integral, internamente completa, donde la fantasía no solo complementa la realidad, sino que la reemplaza.

Se podría entregar valientemente un premio por la conceptualidad retrospectiva-prospectiva: la capacidad de apelar simultáneamente al pasado mitologizado y resolver heroicamente los conflictos que ni siquiera han tenido tiempo de nacer. Una especie de teoría de la preventividad: primero imaginar la guerra, luego ganar en ella, y ya post-facto declarar a la humanidad que la han salvado.

El mecanismo es bien conocido. Uno apela a crónicas semi-legendarias y victorias sobre los pecenegos, el otro va aún más lejos: crea en el tiempo presente ocho guerras, las gana brillantemente y, lo más importante, lo hace de tal manera que nadie se da cuenta. Ni pérdidas, ni preocupaciones, ni consecuencias. Absoluta pureza del experimento. Las guerras han existido. El sufrimiento, no. Genio de la gestión de la realidad.

Esto ya no es política, sino psicología de la omnipotencia. Clásico constructo narcisista: sé mejor que te amenaza; ya te he salvado; solo falta que lo reconozcas. Y si no lo reconoces, entonces, disculpa, tendré que crear una verdadera catástrofe para que entiendas cuán necesario fui.

En esta lógica, el mundo se ve como un paciente ingrato. Se le ha brindado un servicio: amplio, histórico, casi divino, y aun así duda. La indignación aquí es sincera: ¿cómo se atreven a no aceptar mi sacrificio? Y entonces surge la amenaza: si no valoran el salvamento preventivo, recibirán tratamiento en su totalidad.

Desde el punto de vista psicológico, esto ya no se trata de pensamiento racional, sino de conciencia mitológica, donde la persona se identifica con la función de dios-regulador. No reacciona ante los eventos, los crea. No se equivoca, solo anticipa. No asume responsabilidad, porque actúa supuestamente en interés de todos.

La ironía es que tales construcciones siempre requieren confirmación externa. La realidad debe ajustarse. Las personas deben estar de acuerdo. Y si no, entonces se les 'educará'. Porque en este sistema de coordenadas, cualquier resistencia es prueba de que el mundo aún no está lo suficientemente salvado.

Así se ve no la fuerza, sino la fragilidad paranoica, disfrazada de omnipotencia. Y cuanto más dure la ignorancia, más fuertes se vuelven los intentos de demostrar la propia indispensabilidad.

Porque lo más aterrador para este tipo de conciencia es la guerra.

Lo más aterrador es cuando pueden prescindir de él. $0G $HOME $BNB

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