Bitcoin siempre se ha movido como una montaña rusa financiera, pero su colapso más brutal ocurrió entre noviembre de 2013 y enero de 2015. El precio colapsó aproximadamente un 86%, cayendo de más de $1,100 a alrededor de $170. En ese momento, el veredicto se sentía definitivo. "La cripto está muerta" aún no era un meme. Era una creencia. Y sin embargo, a finales de 2017, Bitcoin se cotizaba cerca de $20,000, obligando incluso a los escépticos más endurecidos a hacer una pausa.

El patrón se repitió en 2022. El colapso de los principales actores, más notablemente FTX, aplastó la confianza y arrastró a Bitcoin a la franja de $15,000. El miedo dominaba. La liquidez desapareció. Todos tenían una razón por la cual esta vez era diferente.

Avancemos hacia 2025 y principios de 2026, y la narrativa volvió a cambiar. La participación institucional se profundizó, la claridad regulatoria mejoró en regiones clave, y Bitcoin alcanzó nuevos máximos, tocando brevemente los $125,000. Mismo activo. Diferente estado de ánimo.

La historia sigue mostrando una verdad incómoda: la volatilidad de Bitcoin es extrema, pero también lo es su capacidad para recuperarse. Para los tenedores a largo plazo, cada gran caída ha sido hasta ahora menos un final y más un reinicio antes de la próxima expansión.

Ahora, el contrapunto incómodo

Esta historia funciona porque Bitcoin sobrevivió. Eso es sesgo de supervivencia. Muchos proyectos nunca regresaron. La lección no es 'cada caída conduce a un rally'. Es que Bitcoin ha absorbido repetidamente golpes existenciales y ha seguido funcionando. Esa distinción importa. La creencia por sí sola no lo salvó. El tiempo, la liquidez y la demanda real lo hicieron.

la volatilidad no es prueba de fuerza por sí sola. La supervivencia lo es. La historia de Bitcoin hasta ahora sugiere que tiene esa característica, pero nunca viene sin dolor primero.

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